jueves, 2 de febrero de 2012

El dichoso trasvase

Ya estamos otra vez a vueltas con el río Ebro, con la intención, nada oculta, de trasvasarlo a la costa murciana. No nos engañemos, siempre hemos sabido que en cuanto llegasen nuevas opciones políticas al poder, nos tocarían la fibra sensible a los aragoneses. Y no es lo único, también han suprimido la línea directa en autobús Zaragoza-Teruel, que tantas y tantas veces usó Ana.
El PAR, que fue en unión con el PP a las últimas elecciones, ha asegurado que si nos tocan el agua, se desmarcan del pacto.
Pero lo que uno se pregunta es por qué hay que llegar a esta situación. Cuando en el Colegio e Instituto nos explicaban el comienzo de las Civilizaciones, siempre indicaban como característica principal "la cercanía a algún río". Cesaraugusta se estableció al lado del río Ebro. Y los habitantes que vivían en alguna población con escasez de agua, se desplazaban a lugares donde los recursos hídricos no fueran tan pobres.
Hoy en día, es impensable estos movimientos de población por la escasez de agua. Es preferible quitarsela al vecino para regar campos de golf, o proveer a los Hoteles de la costa para que los guiris se puedan dar un chapuzón en la piscina.
Los aragoneses no nos cansaremos nunca NUNCA de proteger nuestros intereses, a pesar de que en Madrid nunca se nos tenga en cuenta para nada. Normalmente, sólo salemos en las Noticias para mostrar desgracias acaecidas en nuestra tierra. Si una vez más nos tocan la fibra sensible con el Ebro, "lucharemos" de nuevo, no por lo que es nuestro (y de otras Comunidades Autónomas por las que pasa el Ebro), sino que reivindicaremos una vez más el mal uso que se le quiere dar a ese agua excedentaria. Hoy decía el ministro Arias Cañete que en España llueve lo suficiente. Será que últimamente no se pasa por Zaragoza, donde el agua caída del cielo brilla por su ausencia.
El agua se reparte cuando es necesario para subsistir, no para darle un capricho a un hotelero o un propietario de un campo de golf, que la necesita sólo para enriquecerse un poco más.

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