lunes, 16 de julio de 2012

Una hazaña para recordar

Es viernes 13 de julio, viernes trece, no significa nada para nosotros. Partimos desde casa rumbo a Yésero, cerquita de Gavín, en el entorno de Biescas, provincia de Huesca, Aragón. 
Ya hemos estado en los apartamentos Casasús, y es una sorpresa para nosotros que sean tan acogedores. La señora, muy amable y simpática nos ofrece información y las llaves. Una vez más comprobamos que la cobertura con Vodafone es nula. Salvo un pequeño reducto de 20 centímetros cuadrados que hay en el parquecito del pueblo. Sólo allí aparecen las rayas del móvil como única salvación de conexión con el mundo exterior.
Este fin de semana, nos hemos propuesto volver a Ordesa, donde ya estuvimos hace tres años. Irene estaba recién llegada y el primer verano que disfrutaba con nosotros, la embarcamos en una dura caminata de 3 horas, que nos llevó hasta el comienzo de las Gradas de Soaso. Allí comimos y en cuanto vimos que las nubes hacían su aparición, corrimos sendero abajo a toda prisa, sin poder evitar mojarnos hasta los huesos. Se nos habían olvidado los chubasqueros.
Este año vamos bien preparados, cada uno con su chubasquero en la mochila, cantimplora, comida y crema solar. Irene y Ana están convencidas y sus comentarios así lo sugieren, que no vamos a llegar más allá de donde habíamos comido hacía tres años. Así, que la perspectiva es disfrutar del camino, parar en todas las cascadas, hacer fotos, y subir hasta donde podamos.
Es sábado, son las 7:43h. de la mañana y me despierto con la luz que entra por la ventana del salón. Violeta me comenta al acercarme que una mosca le ha despertado. Más bien creo que ha sido la luz del sol que ha penetrado con fuerza a través de los cristales (y que la contraventana estaba abierta).
Un buen desayuno de batido de chocolate con torto de Peñaflor. Las niñas se hacen las remolonas, y les cuesta levantarse.
Salimos a las 9:05h. de Yésero rumbo a Torla, donde nos espera el autobús. A las 9:45h. parte el autobús rumbo a la pradera. La subida, con un experto conductor, se hace amena y enseguida llegamos a nuestro punto de partida.
A las 10:10h. partimos rumbo a un final desconocido, hasta donde nuestras fuerzas nos lleven, hasta donde aguanten nuestros cuerpos. Las primeras cuestas hacen pronto su aparición, y poco a poco Irene va quedándose rezagada. Es el momento de tirar de ella. Protesta siempre al principio de cada excursión, hasta que entra en calor, o más bien, hasta que por fín se mete algo al cuerpo.

En la primera cascada paramos a tomar una fotografía y a comer un poco de frutos secos (avellanas). Un traguito de agua y continuamos. 

Estamos deseando entrar en nuestra zona favorita, el bosque de hayas. Un paraíso de sombras, hojas verdes, magníficos troncos. Y nos encontramos con nuestra vieja amiga, la casita de madera que nos refugió de la tormenta hacía tres años. Irene sigue protestando y diciendo que no quiere llegar a la Cola de Caballo. En mi interior, pienso que me gustaría tanto llegar, pero también pienso que hasta donde lleguemos. 
Hacemos otra parada, tras la Cascada del Estrecho, y Ana dice la gran frase: "Chicas! nos atrevemos a llegar hasta la Cola de Caballo?". 

Todos ilusionados y contentos, afrontamos lo que nos queda de caminata. Estamos a mitad de camino más o menos. Cuando llegamos a las Gradas de Soaso, comprobamos que estamos mejor que hace 3 años físicamente, y que podemos afrontar la recta final. A la altura de las Gradas de Soaso, contemplamos lo que hacía tres años no pudimos llegar a ver, esas escaleras naturales provocadas por el río, preciosa ingeniería de la naturaleza.

El siguiente paso son unas escaleras de piedra que nos llevarán al Circo de Soaso. Son duras, y ya estamos pensando en lo durísimas que serán a la vuelta de bajada. Cuando subimos por fin arriba, un cartel nos espera para anunciar que no nos desviemos del camino empedrado. Es un camino nuevo para mí, no lo había visto la última vez que hice Ordesa hasta el final.



Avanzamos poco a poco por terreno llano, se hace cómoda la llegada, pero para nuestro asombro, aún no divisamos la Cola de Caballo. Se resiste su presencia, y no es hasta el final, cuando aparece antes nosotros, majestuosa, imponente, bella y arrebatadora. Son las 13:30h. Fotografiamos la faja que da fama a Ordesa, y la Cola de Caballo. 


Junto a ella, comemos y descansamos. Nuestros pies se merecen un remojo, para refrescarlos y bajar la hinchazón del calor. 

Una hora de descanso, y a las 14:30h. partimos de regreso a la pradera donde nos espera el autobús hasta Torla. De regreso, tomamos las últimas fotografías del maravilloso paisaje que es Ordesa, y de paso, aprovecho para cambiar el agua al canario, hecho éste que es capturado por una afamada fotógrafa, jaja.



De bajada, las escaleras de las Gradas de Soaso se hacen muy duras, y las rodillas empiezan a resentirse. Empiezo a notar algo en los dedos del pie derecho. Una uña sin cortar comienza a pinchar sobre uno de los dedos. Me duele un poco, pero sigo adelante. La bajada va a ser larga. Consigo pisar de una forma que se dañe lo menos posible el dedo del pie, y alcanzamos el bosque de hayas. El regreso se está haciendo más corto, y los minutos pasan rápidos. El tramo final se hace eterno, casi todo llano, pero da la sensación de que nunca vamos a llegar a la pradera para tomar el autobús de regreso. Te da la sensación de que eres de los pocos elegidos que has podido completar el recorrido completo, pero en el fondo sabes que cientos de miles de personas antes que tú, también hicieron el esfuerzo de conquistar Ordesa con sus propios pasos. De vuelta te van adelantando los aguerridos montañeros que bajan de Góriz tras una noche fría pero llena de sensaciones. También hay que decir, que te encuentras a cada paseante que es para tomar nota: mujeres con chanclas, zapatos e incluso pequeños tacones, y aunque temes por sus tobillos, a ellos no les importa lucir sus pies ilesos de la caminata. Nos queda algún detalle digno de señalar, como aquél árbol de raíces infinitas, que a Violeta le ha encantado a la ida, y que me recuerda a la vuelta para hacerle una fotografía (qué memoria tiene esta niña!!). 
A las 17:10h. llegamos a la fila del autobús, somos los primeros de nuestro grupo. Nos sentamos y disfrutamos de la vuelta. Una pequeña cabezadita y descanso. Nos hemos ganado una cerveza en Torla y unos helados "plátano" para las niñas. Les agradezco a las tres el esfuerzo, y les comunico que son unas campeonas, unas valientes. Hemos acabado muy cansados. Ya estamos pensando en volver dentro de tres años...

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